Pasaron exactamente dos semanas desde mi primera sesión de quimioterápia. Según había escuchado, la primera y la segunda serían las más llevaderas y luego empezaría lo más difícil.
Ahora les comparto mi experiencia: duranté los primeros 5 días lidié con las náuseas, a pesar del Aprepitant, de la Prednisona y del Metoclopramide.
Las náuseas inhibieron mi apetito, pero El Innombrable (así le llamo al monstruo que se manifiesta en mis entrañas cuando tengo hambre) despertó más feroz que nunca y fue mi salvación. Bajo su terror me puse las pilas para cocinar y alimentarme.
Cuando al fin de una semana ya no sentí náuseas, pensé: uf, la libré!
Pero fue breve mi alegría. La semana que siguió fue una cadena apretada de problemas que hicieron tambalear mi optimismo: un montón de aftas llenaros mis encías; mi garganta se infectó y la fiebre fue menuda molestia a comparación del dolor al deglutir; las hemorroides se agregaron a la lista y me hicieron sufrir lo suficiente como para pasar medio día en internet buscando remedios (otros que medicamentos), en la espera de poder comunicarme con mi doctor.
Bonita pesadilla si además le agrego la menstruación más abundante de mi vida (cuando el doctor me había hecho vislumbrar más bien la idea de la desaparición de la regla...al parecer, no es una regla).
En cambio, aún no pierdo mi cabello! ;-)))
No hay comentarios:
Publicar un comentario